El frío y la lluvia en la Plaza Mayor pugnaban por apoderarse del corazón del príncipe, hasta el punto de desear éste, hogareño, estar calentito en casa. Nunca disparé con más miedo de herir por la espalda. Ajeno a la detonación siguió dibujando el aire con una paleta imaginada de millones de colores, sano, de regreso, hoy mellado, pero con Pérez circulándole la almohada con presentes pequeños.
2 Comentarios:
mi caaaaasa, jejejej.
Seguro echaba de menos el calor de su casa, pero no le importó dibujar el aier desde un café de la Plaza Mayor de Cagalecholandia
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