Memoria de pez
Constato de nuevo, después de una jornada del regreso y a pocas horas vista de otro retorno al trabajo, que la depresión postvacacional existe. Existe por que existen los recuerdos, y es aquí donde falla mi memoria de pez, pues si hubiera funcionado, en mi cabeza estaría la compra en el súper, el café de la mañana con la reina, el aniversario olvidado y un sinfín de pequeños grandes detalles que colman mi vida. Pero en vez de éstos, mi memoria de pez relegada, atiborra mi cabeza con las luces exiguas de la noche a través de la ventana del hotel, los olores de los jardines de la quinta de La Regaleira, los colores lasos del palacio de la Pena, el olvidado Castillo de los Moros con el estridente aleteo de la bandera ondeando al poniente, o la boca del diablo que yo rebauticé pero me consta que es la Boca del Infierno su topónimo cierto.





