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24-mar-2008

Memoria de pez

Constato de nuevo, después de una jornada del regreso y a pocas horas vista de otro retorno al trabajo, que la depresión postvacacional existe. Existe por que existen los recuerdos, y es aquí donde falla mi memoria de pez, pues si hubiera funcionado, en mi cabeza estaría la compra en el súper, el café de la mañana con la reina, el aniversario olvidado y un sinfín de pequeños grandes detalles que colman mi vida. Pero en vez de éstos, mi memoria de pez relegada, atiborra mi cabeza con las luces exiguas de la noche a través de la ventana del hotel, los olores de los jardines de la quinta de La Regaleira, los colores lasos del palacio de la Pena, el olvidado Castillo de los Moros con el estridente aleteo de la bandera ondeando al poniente, o la boca del diablo que yo rebauticé pero me consta que es la Boca del Infierno su topónimo cierto.

09-ene-2008

Vista desde mi ventana

Hoy de nuevo quiero apearme del tren, pero transita veloz, demasiado rápido, casi tan caótico como muestras enigmáticas cabezas. Apenas me quedan monedas para pagar pedazos de dignidad. La integridad se cotiza a la baja y con ella se comercia: A mayor integridad mayor precio de compra. Me pregunto ¿cuanto valgo? Estoy por poner un anuncio en el periódico: “Se vende alma honrada a bajo coste”. Después negociaré con sensatez: como debo venderme, cual es mi cantidad exacta de integridad… Encargaré una sangría para despojarme de los humores malignos, los guardaré, conjurándolos en algún recóndito rincón de mi cabeza para no devaluar el producto y terminaré despojándome de la probidad para iniciarme el diabólico camino de la malicia y convertirme en el mayor hijo de puta de este reino. Aunque creo que eso también está inventado ya.
Disparé apyado en el alfeizar.