La nueva olla
Yo hacía la comida bajo el ruido infernal de la campana extractora. La reina trasteaba a mis espaldas, picoteando las "delicatessen" que surgían de los fogones, de las tablas los platos vados y de mis manos embadurnadas de harina.
-¿A quien llamas? Preguntó indiferente, mientras yo batía los huevos y asfixiaba el teléfono entre mi oreja y hombro.
- A la mujer con la que de verdad me habría gustado casarme, respondí, mirándole a los ojos para escrutar su reacción.
Sonrío, mirando de soslayo, casi por encima del hombro y siguió picoteando antes de marcharse.
Al otro lado del auricular, una voz madura, con suave acento de sur, me respondió sonriendo al saberme.
- ¿Cuánto tiempo han de estar las verduras en la nueva olla desde que esto empieza a soplar?, pregunté.
Dejé la comida haciéndose y salí a pasear. Al fondo del camino encontré a un viejo amigo. Me miraba desde la distancia, disparé pero erré por la lejanía.





