El Camino del príncipe
Desoyó mis gritos y persistió en su andar distraído, me esforcé hasta el denuedo por hacerme oír y corrí veloz como el viento tratando de darle alcance, hasta que me di cuenta que de mi garganta no surgía el sonido más leve y que mis pies se anclaban al camino como en una pesadilla. Disparé para salvarlo de ningún peligro.





