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26-mar-2008

Luz en e palacio de Queluz

¿Cuando se convierten en sueños los deseos? Los locos vivimos en un continuo estado onírico. Como mantenía Poe, Los que, locos, soñamos de día, conocemos muchas más cosas que los que sólo lo hacen de noche. Sólo somos meridianamente libres en nuestro estado onírico, el resto del tiempo somos meros mortales, carne dependiente de un empleo, de alimentos y de los propios sueños. Siempre me imaginé lerdo pero un día me encontré con algunas personas que también soñaban. Se que ya no me llamas loco o que si lo haces lo haces para elogiarme por que has comprendido, como yo, que soy demente y si lo soy solo es raro, pero vemos a diario como la sociedad lo es y es la norma. Disparé con balas cargaditas de locura para despedirme por un tiempo.

25-mar-2008

A edu y Pilar, con dos cojones

Niños no lean esto. Es oportuna una copa de alcohol, de las de 40 grados por lo menos, que recupere mi memoria de pez y me permita olvidar los fantasmas que pululaban por la Regaleira, entre bustos de alabastro, por la frondosidad domesticada de sus jardines, entre sus setos... Les vi tambien en lo alto de las cúpulas del Palacio da Pena. Les vi y les recuerdo, y me atormentan. Pero mi sesgada memoria de pez me juega a veces estas malas pasadas no permitiéndome olvidar. El recuerdo de los viejos fantasmas relega a los que están por venir a un plano de horror que me deprime.
25/03/2008 recupero mi memoria de pez y los fantasmas son solo texto que escribí anoche. Disparé para celebrarlo.

24-mar-2008

Memoria de pez

Constato de nuevo, después de una jornada del regreso y a pocas horas vista de otro retorno al trabajo, que la depresión postvacacional existe. Existe por que existen los recuerdos, y es aquí donde falla mi memoria de pez, pues si hubiera funcionado, en mi cabeza estaría la compra en el súper, el café de la mañana con la reina, el aniversario olvidado y un sinfín de pequeños grandes detalles que colman mi vida. Pero en vez de éstos, mi memoria de pez relegada, atiborra mi cabeza con las luces exiguas de la noche a través de la ventana del hotel, los olores de los jardines de la quinta de La Regaleira, los colores lasos del palacio de la Pena, el olvidado Castillo de los Moros con el estridente aleteo de la bandera ondeando al poniente, o la boca del diablo que yo rebauticé pero me consta que es la Boca del Infierno su topónimo cierto.