Piernas de mujer
Me pongo digno en mis propios sueños y templo mi confianza poniendo a prueba la moral de ese tipo que veo cada mañana reflejado en el espejo. Imagino escenas tórridas y pecaminosas (si no creo en esta palabra no creo en el pecado ni en los errores) Aunque mi sino es relativo, como lo es mi destino y en mi fortuna potencial no queda espacio par la imaginación, o quizás si. No se. ¡Bahh es igual!
Cada mañana escucho los voceros gritándome demasiado cerca de los oídos, salpicando con sus babas que me despiertan de puro asco. Hoy camino por los prados yermos que dejó Atila, con las voces a mis espaldas y un sentido del cansancio que he institucionalizado en mi cabeza. Oigo los gritos, los mismos gritos que si no me “emparanoyan” es por pura desidia. Disparé a sus piernas para impedir su huida

